sábado, 27 de febrero de 2016

...fachada interior de "La Campanilla"...

 
 
 
 
 
Desde la terraza,
 
podía verse esta imagen,
 
imposible de contemplar desde la calle...
 
 
El patio interior de "La Campanilla"...
 
 
Hay nieve en los tejados,
 
que se confunde
 
con el cielo de un mediodía invernal...
 
 
En esa pequeña ventana,
 
un ventanuco oscuro, tocando el tejado...,
 
alguien me dijo que allí habitaba una bruja...
 
 
Una bruja no...,
 
pero allí se refugiaba un ave nocturna,
 
que lanzaba su lamento
 
desde el anochecer hasta el alba...
 
 
Jamás pude verla...
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
(Archivo: jaca en la memoria.
 
Imagen: mirarlook/cuevadelcoco).
 
 
 
 
 


...desde mi ventana...

 
 
 
 
 
Desde mi ventana.
 
 
Extraña luz, en la tarde de agosto...
 
 
La Torre del Reloj, ya no tiene su chapitel...
 
 
El Colegio de la Escuela Pía,
 
en esta imagen,
 
aún sigue en pie...
 
 
Cuatro años más tarde,
 
fue derribado...
 
 
Siempre me gustaba contemplar
 
esas protecciones sobre las tapias
 
del patio de recreo...,
 
contrastando con las luces del ocaso...
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
(Archivo: jacaenlamemoria.
 
Imagen: mirarlook/cuevadelcoco).
 
 
 
 
 
 
 
 
 

Casa "Paco"...y otras cosas...


Casa "Paco".
 
 
La terraza de Casa "Paco",
 
era el lugar ideal, en los veranos,
 
donde ir a tomar unas cañas,
 
acompañadas de unas riquísimas aceitunas,
 
cuyo sabor, no he hallado en ninguna otra parte...
 
 
Los calamares y las sardinas fritas,
 
podían convertirse en un fiestorro,
 
y, al llegar a casa,
 
no tener ni el más mínimo deseo de cenar...
 
 
Siempre solía haber alguna guitarra,
 
para acompañar musicalmente
 
las riquísimas ofertas gastronómicas...
 
 
Al caer la noche veraniega,
 
solíamos aterrizar en el fondo del parque,
 
en la pequeña y acogedora pradera,
 
conocida como "el Rompeolas",
 
si bien, como alguna vez he indicado,
 
su verdadero nombre
 
era "el rompeolas"...
 
 
Algún cursi del lugar,
 
debió de cambiarlo,
 
por considerar que "rompeolas",
 
era demasiado vulgar y ramplón...
 
 
Hoy, que se llegará a cambiar de nombre hasta las montañas,
 
al paso que vamos,
 
bien podría recuperarse el primero y auténtico
 
de este lugar del parque,
 
desde donde se contemplan
 
unos hermosos atardeceres en cualquier época del año...
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
(Archivo: jacaenlamemoria.
 
Imagen: mirarlook/cuevadelcoco).

Forranchinas...

 
 
 
 
La fuente de "Forranchinas".
 
 
Solía llevarme con frecuencia mi padre,
 
durante los veranos,
 
hasta esta fuente,
 
donde calmábamos la sed estival,
 
tras el recorrido por la carretera,
 
bajo los soles implacables
 
de julio y agosto...
 
 
Mi padre, solía llevar en un bolsillo,
 
uno de aquellos vasos de aluminios,
 
aplanados,
 
que dejábamos un reto bajo el chorro de la fuente,
 
para, luego, deleitarnos
 
con la frescura del agua...
 
 
Mi abuela, utilizaba aquellos vasos
 
cuando hacía mantecadas,
 
para recortar la masa,
 
previamente igualada con el rodillo...
 
Salían, así,
 
unas sabrosas pastas,
 
con forma de óvalo alargado,
 
tras pasar por el horno...
 
 
Desde "Forranchinas", se divisaba una huerta,
 
y parte de la casa, donde, no sé si vivía
 
la familia de labradores,
 
o sólo se utilizaba para guardar los aperos 
 
y para cobijo de los animales...
 
 
 
Vista desde la fuente de "Forranchinas"...
 
 
Al referirnos a esta fuente,
 
decíamos sólo, "Forranchinas",
 
a diferencia de las otras fuentes,
 
que, antes de sunombre,
 
llevaban "la fuente de"...
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
(Archivo: jacaenlamemoria.
 
Imagen: mirarlook/cuevadelcoco).

El jardín de los Irigoyen...

 
 
 
 
 
 
Fachada sur de la casa de los Irigoyen.
 
Recibía sol todo el año...
 
Arriba, en la espaciosa terraza,
 
las chicas Irigoyen
 
solían celebrar algún que otro "guateque"...
 
 
La fotografía,

es de los primeros días de enero,

de 1990.
 
 
Creo que es la ultima que tomé,
 
 subido en el muro de la terraza
 
de la antigua casa...
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
(Archivo: jacaenlamemoria.
 
Imagen: mirarlook/cuevadelcoco).
 

miércoles, 21 de octubre de 2015

El primer día de clase...

 
 


El día 15 de septiembre,
 
daban comienzo las clases,
 
en lo que entonces se llamaba
 
y también se conocía,
 
como Enseñanza Primaria...
 
 
Al terminarse el mes de agosto,
 
una sensación de  inquietud
 
se apoderaba de nosotros...
 
 
¡El día quince no estaba lejos!
 
 
Por Orden Ministerial,
 
había que acudir de nuevo a clase,
 
lo mismo en la privada que en la pública...
 
 
Salvo que ese día cayera en domingo...
 
 
Pero no..., el día 15 de septiembre de 1960,
 
cayó en mitad de la semana...
 
 
Jueves, claro está...
 
 
El curso anterior, había tenido
 
como profesor,
 
al P. Agustín López...
 
 
Y a su clase me dirigí,
 
como estaba mandado,
 
a la espera de acontecimientos...
 
 
Que no llegaron hasta
 
primera hora de la tarde...,
 
cuando el P. Jesús Angulo,
 
subió a buscarnos,
 
a todos los que pasábamos de curso...
 
 
La tarde anterior,
 
no había estado yo de muy buen humor,
 
precisamente...
 
 
Y es que el verano,
 
dulce, lánguido y dorado,
 
libre de preocupaciones,
 
quedaba atrás...,
 
y se alejaba si remedio...
 
 
El P. Jesús Angulo,
 
que siempre tuvo conmigo
 
una actitud deferente y afectuosa,
 
me recibió, sonriente...
 
 
¡Estaría bien ese año...!
 
 
Pasábamos de la "segunda" clase,
 
a la "tercera"...
 
 
¡Qué mayores...!
 
 
Retacos con ocho y nueve años...
 
 
Y, sin sentirlo,
 
todo fue un tráfago de libros,
 
cuadernos, lápices,
 
gomas...,
 
y los inevitables bolígrafos...
 
 
Mi abuela me acompañó a una papelería,
 
y ´de allí, salimos
 
con uno de colores verde y blanco...,
 
que, no sé por qué,
 
llamó mi atención...
 
 
Aquel curso...,
 
¡íbamos a escribir con pluma!
 
 
"Plumilla y manguillo, Padre...!,
 
era la petición de aquellos días...
 
 
En cada pupitre había dos tinteros...
 
 
Y los primeros intentos...,
 
¡un desastre!
 
 
En fin, tiempo al tiempo...
 
 
¿Con quién me sentaba yo...?
 
 
Como hubo varios cambios a lo largo del curso,
 
no lo recuerdo bien...
 
 
Así fue, poco más o menos,
 
el comienzo de aquel curso,
 
tan separado de hoy por cúmulos de tiempo...
 
 
¡Qué enormes distancias...!
 
 
Y...,
 
¡qué inevitable nostalgia...!
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
(Archivo: cuevadelcoco.)
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 


viernes, 27 de febrero de 2015

Un espacio vacío...

 
 
 
Regresé a Jaca en agosto de 1984, para pasar el mes,
 
huyendo de los calores de Zaragoza,
 
que, ese año,
 
fueron particularmente sofocantes.
 
 
Y tomé esta fotografía,
 
para dejar constancia
 
de que había desaparecido algo muy nuestro...
 
 
Los tiempos transcurridos,
 
deben dejar paso a tiempos nuevos...
 
 
Sólo quedaba el recuerdo de aquel colegio,
 
donde quedó atrapada
 
una parte de nuestra alma...
 
 
El nuevo colegio,
 
amplio,
 
luminoso,
 
lo ocupaban ya
 
otros escolares,
 
reflejo de lo que fuimos...
 
 
 
 
 
 
 
(Archivo: jacaenlamemoria.
Imagen: mirarlook/cuevadelcoco).