
Al fondo, la cola de la Peña Oroel.
Puede verse, en primer plano y adosada al muro, parte de la estructura que sustentaba la parra.
Mi abuelo, con tablas y listones, consiguió montar un tendedor, que, en verano, aguantaba el peso de las ramas nuevas y los abundantes racimos que la parra nos ofrecía...
Las uvas, eran de piel algo basta, pero tenían muy buen sabor...
Decía mi abuela:
"...Pa´la Virgen de agosto
pintan las uvas...
Y pa´la de septiembre
ya están maduras..."
¡Qué a gusto picoteaba mi abuela los gruesos granos...!
Y tenía la costumbre de guiñar un ojo si le salía uno algo ácido...
A la izquierda, y detrás del poste, se aprecia la tapia de las Benedicitinas.
Al otro lado, estaba el patio de recreo de las niñas.
No hay comentarios:
Publicar un comentario