domingo, 24 de abril de 2011

Colegio de los PP.Escolapios: Curso 1958 - 1959...

¡Aquí estamos...!
¡Como si no hubiera pasado el tiempo...!
Todos repeinados y peripuestos, para la foto de Barrio, en la primavera de 1959...
De izquierda a derecha y de detrás hacia adelante.
Martín Javier Herráez Ibarbia.
José Antonio Dosset Castán.
José María Lafuente.
José Luis Aso López.
Marcial de Arriba Serrano.
Enrique Callizo.
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Hermano Tomás López.
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José Luis Abad Gairín.
Benedicto Chavarría.
Enrique Piedrafita.
(Siguiente fila).
Santiago González Catalinete.
Diego...
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José Antonio Oliva.
Isidoro Sánchez Guillén.
Orós...
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Francisco Javier Cajal Celeiro.
Anselmo Rufas Sánchez.
(Tercera Fila).
Antonio García Serrano.
Juan Carlos Lacadena Azpeitia.
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Enrique Pérez Tudela.
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Ángel Arrojo.
Mengual...
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Jesús de Miguel.
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(Sentados).
Antonio Mañas.
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Rafael de Dios Quílez.
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Fernando Sarto Zubero... O quizá Daniel Sarto...
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Fernando Giner Agustí.
Carlos Iglesias Estaún.

1959... A princpios del mes de mayo, varios alumnos de aquél curso, recibimos el Sacramento de la Comunión por primera vez... Yo, entre ellos...
(Fotografía: Debida a la amabilidad de Marcial de Arriba Serrano, siempre un buen amigo).
(He logrado añadir dos nombres más, Fernando Giner y Ángel Arrojo, gracias a un comentario enviado por "jacobo",
¡muchas gracias!).

Ha muerto el hermano Casimiro...

Sí, ha muerto el hermano Casimiro, y lo he sentido muy sinceramente...
Hay personas, que, nos parecen atemporales, ajenas al paso del tiempo...
Y, sin embargo, tienen su último día...
Y, entonces, el alma se estremece, el pensamiento se encoge..., y es que..., nos vemos reflejados...
Dolorosamente reflejados...
Hace ya mucho tiempo, éramos jóvenes, Santiago Calonge, Andrés Sánchez y yo, concurríamos casi todas las tardes, a la habitación del hermano Casimiro, donde hablábamos de todo, escuchábamos música, contemplábamos las diapositivas que nos proyectaba, de cuando estuvo en Italia...
Y siempre nos íbamos contentos, volvíamos a casa contagiados de la alegría que nos comunicaba...
También nos decía las verdades...
En eso era inflexible...
Pero siempre, con un tono humano, no exento de ironía...
En su cuarto, entrando por la galería encristalada del antiguo colegio, había, a la izquierda, una cama...
Donde Santiago Calonge o Andrés, solían acomodarse...
A mí, me daba cierto respeto...
Un cuadro mío, representando el interior de la Catedral de Jaca, ocupaba un lugar en una de las paredes.
A la derecha, el lavabo. Y una mesa, con algunos cachivaches.
Otra mesa, de despacho, en el centro, tras la que colocó un sillón de recia madera y asiento y respaldo de cuero repujado, que rescató del olvido... Estuvo años y años en el Coro, y él, lo limpió, abrillantó el cuero, y lo usó como asiento...
Un venerable sillón, en verdad...
A veces, del armario, situado a la derecha, sacaba una caja de pastas, y una botellita de moscatel...
Y nos servía dos dedos de aquél vino delicioso, que nos sabía a gloria..., en un vasito de cristal, que, nos ocupábamos, cada uno, en lavar tras su uso...
Y tomábamos una o dos pastas, nada más...
El hermano Casimiro nos tenía cariño...
Se preocupaba por nosotros, y procuraba hacernos felices, a su manera...
Con pequeñas cosas...
Ahora, descansa...
Lo imagino, sentado en su sillón, contemplando el paso de las nubes, al atardecer...
Vivió para la comunidad.
Estuvo entregado al Colegio.
Y así, en sus sencillas ocupaciones, se fue dejando la vida...
Acaso la existencia sea eso, el día a día, sin más pretensiones...
Quizá el hermano Casimiro llegó a saberlo..., y quizá se sintiera feliz...
Los laberintos del alma son muy complejos...
No hay nada seguro ni cierto.
Pero..., espero que así fuera...
Poco a poco, la Comunidad que yo conocí, va emprendiendo el inevitable viaje...
El hermano Casimiro, bien traspasada la barrera de los ochenta años, ya está en un lugar donde nada necesita...
Y le envío mi mejor deseo:
Descansa en paz.

viernes, 10 de diciembre de 2010

Noche de nevada...

El 23 de diciembre de 1966, Jaca amaneció cubierta por una espesa niebla. Conforme avanzaba el día, la niebla iba tomando un suave tono rosado. Yo sabía que iba a nevar. Salí a dar una vuelta con Jesús Escoda, que vivía cerca de casa, y apenas nos aventuramos hasta la orilla del río Gas.
No hacia frío. Por la tarde, el tono rosado de la niebla, se fue tornando cada vez más intenso. Ya de noche, abrí las contraventanas de la cocina, y dije a mis abuelos: "¡Hala, cómo nieva! ¡Si caen unos copos enormes!". Y los tres, abrimos un momento la puerta que daba a la terraza, para ver el comienzo de la nevada. La majestad de la nieve... El invierno en su más pura expresión...
Al día siguiente, Nochebuena, continuaba nevando...
No pude resistirme a dar una vuelta por el Paseo de Invierno, y regresé a casa sacudiéndome la nieve, antes de entrar en el patio...
Esa Nochebuena, Luisa, nuestra vecina, pasó a cenar con nosotros, como era habitual. Todos se retiraron pronto a descansar, pero yo me quedé leyendo hasta muy tarde...
Me asomé una vez más, y seguía nevando...
Un cielo rosa intenso, y unos enormes copos...
La majestad del invierno y su silencio...
Yo leía un libro de Pearl S. Buck, titulado "Otros dioses", que me regaló Luis de Latorre al final de la acampada que habíamos hecho a dos mil metros de altura, en los montes de Borau, durante el mes de julio...
Una novela, que, todavía me sigue apasionando por sus contrastes, y que trata de la enorme fuerza que ejerce a opinión pública en Estados Unidos...
Cada vez que contemplo el lomo de "Otros dioses" en su estantería, recuerdo aquellas fechas lejanas...
Y no puedo dejar de sentir nostalgia...

viernes, 26 de noviembre de 2010

Jaca: Las tardes de verano en el rompeolas...

Poco, muy poco ha cambiado este mirador, situado en el extremo del parque, desde donde se divisa el valle del río Aragón, a su paso por Jaca. La bancada de piedra, todavía permanece. No así el pretil, que se sustituyó por otro, al que siempre ha habido que reparar...
La villa del fondo, con un nombre de resonancias wagnerianas, "Villa Parsifal", todavía estaba en pie en 1978, luego, ya no sé cuándo recibió los "honores" de la piqueta, para dar paso a las nuevas construcciones...

Jaca: Vista con "sello"...


Vista de Jaca, con sello de 5 céntimos, y efigie del joven D. Alfonso XIII. No he logrado precisar la fecha, pero creo que debe ser sobre 1905-1910. La torre del reloj, tal como la hemos conocido...
Hubo un proyecto de convertir su chapital en una especie de mirador de la Ciudad. Pero, en 1969, en septiembre, concretamente, se desmontó, como ya comenté en una entrada anterior, sustituyéndose por una cubierta a cuatro aguas, tal como está hoy.
El matasellos, bien claro está, que es de la oficina de Correos de Jaca.
Obsérvese que la postal se titula "Alrededores de Jaca. Peña de Orél". (Con acento...).

Jaca: Portal de las Monjas...


Portal de las Monjas, donde puede observarse el puesto de "consumos". Había que pagar por lo que se entraba en Jaca. También recibía el nombre de "fielato". En el cartel que se contempla en primer plano, se advierte que se multará a cuantos vehículos circulen por la cidad a más de 10 kilómetros/hora.
Mi abuela Gertrudis, me contaba que estuvo sirviendo en el hotel "La Paz", cuyo dueño era muy aficionado a la caza. En cierta ocasión, y para evitar pagar en "consumos", escondió la caza, creo que perdices o codornices, en un lugar de los alrededores, y mandó a mi abuela a recogerlas, con la advertencia de que las ocultara bajo las sayas...
"¡Qué cosquillas me hacían en las piernas..!", comentaba, entre risas...
El buen señor, por lo visto, tenía fama de "tobillero", esto es, aficionado, lo mismo que a la caza, a acariciar las pantorrillas de las mozuelas, sobre todo, si estaban a su servicio.
"¡Pues menuda bofetada le aticé, que cayó escaleras abajo, y no sé cómo no se partió la crisma en el fondo de la bodega...!" "¡Meterme mano a mí, ese viejo verde...!", afirmaba, muy indignada.
¡Menuda era mi abuela...!
Esto ocurrió un tiempo antes de "emigrar" a Olorón...

Jaca: Los porches del mercado...

Tarjeta postal, con una imagen de los porches del mercado, de principios del siglo XX, por los indicios. Obsérvese el enorme cartel anunciador del "Gran salón de de peluquería". Y, bajo él, y por si hubiera duda para los visitantes de allende los Pirineos, se anuncia también en francés:
"Grand salon de coiffure". He contado siete militares, muy tiesos y ufanos de su uniforme, en el que destaca el "ros", que luego sería sustituído por gorros, boinas y gorras de plato...
Intriga saber, abajo, a la izquierda, quién puede ser M.N. París, "Fot. Bretos"...