domingo, 13 de diciembre de 2009

La Inmaculada del Colegio de PP. Escolapios.

Una imagen de la Inmaculada Concepción, presidía el altar mayor en la iglesia del colegio de los PP. Escolapios. Ahora mismo, desconozco dónde se encuentra. Seguramente, almacenada en algún lugar de la diócesis.
En el otoño de 1959, la iglesia del colegio fue objeto de una restauración, si así puede llamarse a tapar grietas, pintar paramentos y techumbres, renovar los dorados y repintar algunas imágenes, entre ellas la de la Inmaculada.
Era una Virgen muy querida para nosotros, los colegiales, que varias veces al día la contemplábamos, ya fuera en la Misa diaria, en Rosarios rezados por el alumnado en pleno, o, en nuestro acercamiento al Sacramento de la Penitencia, los sábados por la tarde, antes de salir de clase. Además de los domingos. Ese día, la iglesia lucía en su sencillo esplendor.
Y la Virgen, era como la Madre de todos, desde los chiquitines de la clase infantil, hasta los chicarrones que estaban a punto de terminar el primer Bachiller.
Me gustaría saber dónde se encuentra...
Y en qué estado se encuentra...
(Fotografía tomada en agosto de 1983).

Santa Lucía, 13 de diciembre.


El 13 de diciembre de 1961, aunque hacía sol, la temperatura era muy baja. La verdad es que el sol apenas si terminaba de asomar tímidamente tras los muros del Monasterio de las Benedictinas. Esa mañana, debían ser sobre las ocho, la banda de música de Jaca, dirigida por el Sr. Lerma, (tenía una hija muy atractiva, dicho sea de paso), recorría las calles de la ciudad, alegrando con sus sones esas horas tan frías.
"¿Por qué pasa la banda de música...?"
"Hoy es Santa Lucía, patrona de las modistas...?"
"Y, ¿esa música que tocan...?"
"Se llama "Batallón de modistillas...", dijo mi madre.
Yo aún no me había levantado, pero pronto tuve que dejar el tibio y grato calor del lecho infantil, para ir al vecino colegio de los Escolapios.
Al salir de casa, el frío hizo que me lloraran los ojos.
Los sones de la banda de música se escuchaban muy cerca.
Jaime Serrano, vecino nuestro, tocaba el clarinete desde hacía tiempo.
Y vi pasar la banda, todos uniformados, con su director al frente.
Luego, inmerso en las tareas colegiales, me olvidé de todo, de la música, de la banda de Jaca y de Santa Lucía también...
Esa tarde, en la cocina familiar donde hacíamos vida, sobre todo en invierno, mi abuela comenzó a evocar sus años infantiles en Biescas, donde nació, y me cantó un estribillo sobre la Santa:
"...Santa Lucía bendita,
que hoy te viene a visitar,
con los ojos en el plato
pidiendo una caridad..."
Era costumbre que la gente menuda y adolescente, fuera de casa en casa con una cesta, recogiendo lo poco que se podría recoger: Unos huevos, un pan, en fin, lo que hubiera en casa, que en aquellos tiempos de principios de siglo no estaban las despensas demasiado nutridas...
Y todo ello se llevaba al mosén del lugar, para que, por lo menos, ese día y unos cuantos más, su yantar fuera un poco más nutritivo...
No sé qué habrá sido del Sr. Lerma. En 1968, creo que aún dirigía la banda municipal.
Luego, ya no tengo más noticias...

sábado, 21 de noviembre de 2009

San José de Calasanz.

Más o menos por estas fechas, comenzaban las fiestas en honor de San José de Calasanz, fundador de la Escuela Pía, y patrono de todas las escuelas españolas, públicas y privadas.
Un santo que todos respetábamos, que tenía un lugar en nuestros corazones infantiles.
Era nuestro protector, el que velaba por nosotros en las horas de estudio, en los ratos de recreo,
en toda nuestra vida de colegiales...
Las fiestas consistían en partidos de fútbol, juegos, concursos, carreras de bicicletas, y muchos otros entretenimientos...
Culminaban las fiestas el 27 de noviembre, con una misa solemne en la Catedral, donde asistía todo el chiquillerío, masculino y femenino... Después, cohetes, suelta de globos, (el P. Santiago López era un experto en ambas cosas...), y, por la tarde, una sesión de cine.
Luego, todo volvía a la normalidad, a la "otoñal monotonía"...
San José de Calasanz compuso una oración que se rezaba en ocasiones...
El P. Jesús Angulo, de quien guardo un cariñoso recuerdo, solía rememorarla por las tardes, en la penumbra de la iglesia del colegio...
Hoy, José de Calasanz, el santo que se desvivió por los niños, está olvidado, en aras de la idiotez
laica, y otras tonterías que ha traído la democracia, pero que nada tienen que ver con ella sino con estúpidos partidismos...
En fin...
Bendito sea este santo, que, al menos, durante unos días, nos alegraba la vida, la sencilla y ordenada vida de colegiales...
Los que un día lo fuimos, en aquellos lejanos años, cuando aún no sabíamos nada del mundo ni de otras complicaciones...
(Fotografía tomada en agosto de 1983, desde el coro de la iglesia de los PP. Escolapios. La imagen de San José de Calasanz, que el 27 de noviembre era llevada en procesión por las calles de Jaca.)

sábado, 3 de octubre de 2009

D. Juan Guindeo, sacerdote.

D. Juan Guindeo...
Lo primero que me viene a la memoria es el día de su funeral, celebrado en la Catedral de Jaca, en noviembre de 1974, (¿o fue en octubre?), al que asistimos todos sus alumnos y gran cantidad de exalumnos.
Fue de repente...
D. Juan Guindeo, la bondad personificada...
Guardo de él un buen recuerdo.
Comprensivo, tolerante, piadoso, rara vez se enfadaba con nosotros, aunque sus buenas razones tenía...
La imagen del buen sacerdote, más dispuesto a conceder el perdón que a juzgar lo errado...
Más inclinado a la compasión que a las duras penitencias...
Todos decían que era un santo.
Yo, así lo creo.
He conocido sacerdotes a lo largo de los años.
Algunos, se le parecían.
Otros, eran su antítesis: Orgullosos, soberbios, inaguantables, prepotentes...
D. Juan Guindeo dejaba tras sí un hálito de benevolencia, de humildad, de vida espiritual, de elevación...
Todos lo sentimos cuando nos dejó...
Era como el padre amoroso de los estudiantes... Y de los que no lo eran...
Bendita sea su memoria...

martes, 11 de agosto de 2009

La primavera de mis dieciséis años...

Tras un otoño borrascoso y un invierno tenso, y cuando mi familia ya estaba más que harta de mí, optaron, a instancias de mi abuela, a que asistiera a la famosa academia del Sr. Terrén. En realidad, quien llevaba allí la voz cantante, era su bella esposa, María Pilar, conocida como Maripí.
Morena, de voz un tanto grave y de tono muy agradable, la buena Maripí, a quien Dios tenga en su gloria, ya que hace unos pocos años supe de su fallecimiento, fue la encargada de hacerme entrar en razón y conseguir que estudiara.
Y lo consiguió, dicho sea de paso.
La academia, aunque en realidad era una especie de centro de repasos, ocupaba la planta baja de una casa en la calle Cervantes. Recuerdo que tenía un olor un tanto especial, no desagradable, pero sí extraño. A las cinco de la tarde, entraba allí, y no salía hasta las nueve.
Creo que comencé las clases una lluviosa tarde de principios febrero.
Cada vez que evoco aquel lugar, se me antoja sombrío, gris..., sin embargo, me gustaba.
Llegó la Semana Santa, y no hubo clase.
Fui a pasarla en un albergue del Frente de Juventudes y O.J.E., en el cercano Canfranc, pero ya hablaré de eso más adelante.
A la vuelta, me encontré con que tenía una compañera, María, hija de militar.
Hicimos buenas migas inmediatamente.
Una tarde de sábado compartimos un castigo de los que Maripí solía proporcionar.
Era ya oscuro cuando salimos.
Sin saber por qué, nos encontramos paseando en silencio por el paseo de la Cantera. El "árbol de la salud" todavía estaba intacto...
No sé cómo ocurrió, pero aquel atardecer nos besamos.
Luego, uniendo nuestras manos, seguimos paseando hasta casi las diez.
Eso se convirtió en algo habitual.
¡Dulce María, chica de mis sueños!
Así pasó aquella primavera...
En la vida, habré besado más labios, y me habrán besado a mí, pero todavía conservo el recuerdo fresco y eternamente joven de nuestra inocencia...
María se fue de Jaca con su familia a finales de junio. Su padre, un oficial de infantería, fue destinado a otro lugar que ya no recuerdo.
Hubo algunas cartas, que se fueron distanciando hasta desaparecer...
Por algún sitio debe de haber una fotografía suya, en la que no se la distingue bien...
Prefiero el recuerdo de aquella primavera a cualquier imagen...
¡Ojalá María haya sido feliz...!

jueves, 6 de agosto de 2009

D. José Izuel Zapatel...

D. José Izuel, por quien yo sentía un gran respeto, era el Jefe de Correos. Su hermana, la Sra. Luisa, y su hermano Santos, eran vecinos nuestros, dos casas más allá. También trabajaban en Correos, Santos como funcionario, y Luisa como limpiadora. Ella tenía un corral con gallinas y allí plantaba de todo. Tomates, judías verdes, guisantes... Me gustaba el olor de ese corral...
La casa era sencilla pero muy limpia, impecable.
D. José Izuel, poesía una gran cultura. Aprendió por sí mismo inglés y francés. Sabía además incontables anécdotas de la ciudad y comarca. El día de su cumpleaños, - me contaba-, recorría las calles de lo que él llamaba "Jaca antigua".
Solíamos coincidir en el paseo de la Cantera. Una vez me habló de un personaje a quien ya conocía por mi abuela, llamado "el escalatorres". -Miguel Puertollano, me dijo enseguida. Por lo visto causó sensación en Jaca allá por los años treinta, encaramándose a los edificios más altos, incluso la torre del reloj, la catedral, etc.
Para aquellos tiempos debía de ser una atracción extraordinaria. La gente de Jaca acudía a contemplarlo mientras iba ascendiendo sin más ayuda que de pies y manos, por las diferentes fachadas de la ciudad, en tanto contenían el aliento.
D. José Izuel era un tanto poeta. Publicaba a veces unos divertidos versos de tono satírico en "El Pirineo Aragonés", y se firmaba como "Altisidoro", pseudónimo que tomó del inmortal libro de Cervantes.
A él y a D. Segundo Mesado, su colega en el ámbito de las comunicaciones, pues era Jefe de Telégrafos, los llamaban "los ermitaños". La verdad es que gustaban de deambular solos por los caminos y veredas de los alrededores, absortos en sus pensamientos y recuerdos...
Quizá eran partidarios de "a mis soledades voy, de mis soledades vengo..."

miércoles, 5 de agosto de 2009

El ayuntamiento...


¡Qué distinto, el ayuntamiento..!
Halle esta fotografía en el desván de la casa de madre, entre papeles y periódicos viejos...
Hay un cartel con una fecha, no sé si 1903 o 1905. Lo he intentado con varias lentes de aumento, pero no consigo distinguirlo con claridad.
En lo esencial, es el mismo ayuntamiento.
Se han hecho varias reformas, como todo jaqués sabe...
Sin embargo, la portada no ha cambiado...
Un día, encontré a mi abuela sentada en la bancada de piedra de la derecha...
Al acercarme, vi que estaba pálida, y respiraba con dificultad...
La acompañé a casa, cogida de mi brazo, y yo la miraba, preocupado...
Sin embargo, se recuperó enseguida.
Era un día caluroso de agosto...